Teatro del absurdo
–Siempre tan escapista, vos. Siempre tan queriendo esconder todo y dejarlo para después, siempre tan mejor mañana, siempre tan puf! paf! pif!, siempre tan escondido detrás de vos mismo, siempre tan a veces pienso y a veces es mejor que no piense. ¿Sabés?, hablarte a vos es como hablarle a la nada, hablarle a un abismo infinito de cosas polvorientas que se esconden cuando la luz se asoma. Es como hablarle a una planta que se secó estando al lado del río. Que plantita tan porfiada que sos, ¿por qué no te dejás inundar por la cantidad de cosas que hay alrededor tuyo que impiden que mueras? Por que sos simplemente porfiado, esa es la única razón. ¿Y qué hay? Te creo, se murió tu sueño, ese tan querido, ¿y qué hay? La muerte todavía ni te tocó, mirate, seguís vivo, seco, pero vivo. Y tan seco no debés estar por que seguís respirando. Che, dejate de joder un poco, dejá de tomar esa porquería por las astas, sabés bien que podés buscarle la vuelta, agarrarlo por la cola, y capás que hasta puedas acariciarlo y hacerte amigo.
–¿Te puedo contestar? Bueno, veamos, vos no tenés idea en realidad del sufrimiento que es que de repente tres palabras locas te aniquilen un sueño que era tan bonito, un sueño bien cuidadito y querido. Yo sé que vos sos tan optimista, tan viva la pepa, tan aprovecha que la vida es una sola, pero en realidad nunca tuviste ni idea. A mi alrededor no veo mas que sufrimiento, locura, muerte, ¿sabés? no hay mucha esperanza dando vueltas, y no hay dolor peor que el que sufrimos cuando una esperanza que estaba tan saludable de repente muere como si nada, que los oídos perciban ese “no” que es como una bala, ese “no” que la atraviesa y la mata impunemente dejando nada más que el espacio en blanco donde, a lo mejor, brote una nueva esperanza; pero sólo para que al final otro “no” que nazca de los labios del mundo la traspase y, como si fuera perforada por una espada afiladísima, muera desangrada y absolutamente marchita. Pero vos no te creas que me doy por vencido, nada que ver, solamente estoy esperando el “no” final, esa negación última que, con algo de suerte, me rompa todos los esquemas y me haga pasar al otro lado, ese otro lado donde no existe nada más que una luz o una oscuridad, pero una de las dos cosas, y, en cualquier caso, la tranquilidad. Y sí, vos no me podés entender, amigo mío, por que en tu forma de ver las cosas no existe ni la victoria ni la derrota. Bien por vos, pero yo no soy así, como vos.
–¿Terminaste? Bueno, no sé bien qué decirte, chabón, por que estás tan mal que me ponés mal a mí, con vos no hay vueltas ni retornos, vos ya estás allá, lejos, y yo no sé que hacer. Pero no te creas que me quedo tranquilo con todo esto que te jode tanto, pibe, y ojalá una cervecita arreglara las cosas, pero yo sé que vos ni siquiera querés escapar por un ratito de todo esto, por que siempre de frente vos, siempre de frente y que salga lo que salga. Y después así te va, infeliz. Perdón, no me quiero burlar de tu infelicidad, sé que es duro, pero la culpa es tuya por creer que existe algo que se llama felicidad. Te darás cuenta que yo no creo en ninguna de las dos cosas, y no puedo darme cuenta si estoy feliz o no, por que eso en realidad no existe, por que se vive y punto, se está por ahí mirando el cielo y punto, se está por ahí y uno se da cuenta que es de noche por que de repente todo es oscuro, pero al otro día vuelve a amanecer. Y no hay más que eso, creéme.
–¿No hay más que eso?, yo creo que sí, que hay mas que eso, está bien tu forma de mirar las cosas, ojalá, y te lo digo en serio, ojalá yo pudiera ver todo como vos, todo así; el árbol es el árbol, y un “no” no es más que un “no” y se acabó, pero soy un tipo con sueños, ¿sabés?, yo no puedo vivir sin soñar, y el soñar es como volar, yo te lo dije, y cuando de repente un sueño es herido de muerte comenzamos a caer, ¿sabés el vértigo que es eso? Caer, y desde muy alto, por que veces soñamos y no tenemos en cuenta eso que llaman realidad; volamos tan alto que podríamos llegar hasta las estrellas, de no ser por esa barrera que llaman realidad, y que es, como diría Cortázar, sólo esta pesadilla irreal, esta danza de idiotas al borde del abismo. Y creo que no podría haberla definido mejor; sólo una danza de idiotas al borde del abismo. La realidad siempre termina golpeándonos y haciéndonos caer, esa realidad que son unos labios de mujer, u otra cosa. Esa realidad que es un camino que nunca llegamos a caminar por que nos paralizó el miedo. Pero en algún momento emprendemos vuelo de nuevo; por que si tocáramos el piso moriríamos; entonces nos remontamos en el aire nuevamente, cerca de las nubes, deseando alcanzar el cosmos; pero sólo para que después recibamos otro golpe en pleno aleteo desesperado y caigamos nuevamente. Y de nuevo el vértigo, ese vértigo...
–Yo no quería que pase esto, vení, dejame que te abrace, secate esas lágrimas, vamos macho, sé que es duro, pero no puede ser para tanto. Vos mismo lo dijiste, donde hubo una esperanza que murió queda un vacío; pero te toca a vos llenarlo, y cuando lo llenes definitivamente nunca más se va a vaciar, creéme, ¿alguna vez te mentí? Yo creo que no, vos tenés que decirme si te parece que alguna vez te mentí, ¿no?, bueno, ¿ves?, yo nomás quiero ayudarte, por que verte sufrir así me pone mal, por que, sí, al final no tenemos más que a nosotros mismos, en eso estoy de acuerdo con vos, pero en esta soledad, esta soledad única en la que nos toca vivir, está bien buscar alguien que nos pueda acompañar, aunque sea un ratito, y yo estoy acá para acompañarte. ¿Te sentís mejor? ¿podés hablar?
–Puedo hablar, puedo hablar, pero siento que en la profundidad de mí mismo no hay más que formas grises y muertas, un paisaje tan triste y desolador que no tengo más ganas, no tengo más ganas de mirar por la ventana cuando sale el sol, no tengo más ganas de mirar nada, de ver; no quiero nada, no quiero más nada. No me mirés así, como si estuviera loco, acá el problema es que vos nunca pudiste ni supiste ni quisiste entenderme, yo no sé cómo podemos ser amigos, porque en realidad siempre te sentí más como un enemigo, como un espejo terrible que deforma todas las cosas; un espejo que me muestra lo fácil que es todo, que me engaña, para que después yo, confiado, vaya a toda velocidad y persiga algo que es inalcanzable, algo que se aleja siempre, que está tan lejos como el sol. Y lo persigo hasta que finalmente termino desviándome y chocando, y me lastimo, y cuando me recupero vos venís y con tus palabras me das aliento para que choque de nuevo, y yo, ciego, te hago caso. Nunca me hiciste bien. Perdoname, pero te lo tenía que decir.
–¿Y acá terminó todo?, ¿y ahora?, contestame, ¿y ahora qué?
–No sé, supongo que voy a ir a casa, y, cuando pinte, me voy a cortar las venas.


