Antecedentes (1)
Yira
Cuando no tengas ni fe
Ni yerba de ayer
Secándose al sol...
Yira
Yira
Aunque te quiebre la vida
Aunque te muerda un dolor
No esperes nunca una mano
Ni una ayuda
Ni un favor...
Es de noche, y no sé si no hace frío o si estoy enfermo. Tengo sed y no hay más que agua de la canilla para tomar; no hay drama, sólo tiene un poquito de gusto a cloro. De repente miro el techo; tiene manchas de humedad, y está rajado, como buscando caerse, apenas me de vuelta. Miro un poco la heladera vacía; es simplemente un adorno de pequeño-burgués empobrecido. Giro alrededor de la mesa de la cocina; una mosca me saluda y en espiral se aleja, rumbeando hacia el foquito de luz de 30 watts. En esta casa todo está sucio, opaco, y trato de no hacerme preguntas sobre el futuro, pero siempre me gana la incertidumbre; tengo que pagar la facultad, tengo que pagarle a X, tengo que pagarle a Z. Y eso sólo para estos días. Y el teléfono. Y no, ni tengo plata ni trabajo ni señor quiosquero. De todas formas no cedo; siempre queda la alternativa de irse lejos, de desaparecer, y, si bien es una alternativa poco factible de llevar a cabo, me relaja lo suficiente como para prender la PC y poner algo de música. Otra vez los piojos, otra vez ando ganas. Y sí, ando ganas. Pero afuera la noche no da tregua. De todas formas respiro, profundo; por un segundo me siento lleno aunque no sea más que de aire, que por suerte todavía es gratis. ¿Cómo aguantar tanto golpe a diestra y siniestra? ¿Cómo poner la otra mejilla? ¿Cómo hacer caso a las quimeras celestes? No hay forma, no hay nada, no hay ni mate, ¿Cómo aguantar?, ¿Cómo alejarse de todo? ¿Cómo sentirse menos oprimido? ¿Música? ¿Arte? ¿Palabras? Basura, eso no se come. Mi cuerpo se muere y no sirvo más. Pero tampoco podemos comer el billetín de 100 mangos. Y eso es lo único que me da fuerzas para seguir bailando al ritmo de los días, del tiempo, que tal vez no exista pero que siempre está ahí mirándonos, como un fantasma visible de reojo, como una cara pegada a la ventana de nuestro cráneo; un rostro horrible y deforme; HIJO DE PUTA.
Y la plata; HIJO DE PUTA.
Y las deudas; HIJO DE PUTA.
Y el auto nuevo; HIJO DE PUTA.
Y la ropa tan cara; HIJO DE PUTA.
Y el agraciado DVD; HIJO DE PUTA.
Y yo de acá no me borro, yo acá me quedo, acá me sacan en ataúd, acá no me van a obligar a transformarme en un PUTO ENGRANAJE de este sistema HOSTIL hacia el ser humano. Acá no le pago a nadie mi PUTO derecho a vivir; yo me transformo en hippie, yo me transformo en comunista, en anarko, en la RE PUTA MADRE QUE LOS REMIL PARIÓ. Y me llevará el viento. Y me seguiré cagando de hambre como ahora, o peor. Y seguiré contemplando la heladera vacía como si fuera un gigantesco monumento a la nada. Y cambiaré un auto por un perro bordó. Y seguiré vomitando miles de hojas hasta que en algún momento alguien a lo mejor entrará por la puerta de atrás al cuarto gris y cambiará la película del PUTO film biológico que nos toca protagonizar, y lo cambiará de una vez por todas, de una vez por todas finalmente libres, de una vez por todas finalmente el fin, y el principio de otra cosa.
Y yo miraré desde afuera, tranquilo, fumando, y pizza y cerveza y amigos. Y voy a ser el rey, rey de mi tonta utopía al revés.
¿Te acordarás de este otario que un día, cansado, se puso a ladrar?
01-11-05

