lunes, mayo 07, 2007

A veces descubro mi humanidad sentada en una vereda mientras arriba la silueta difusa de los edificios es bordeada por un pequeño haz de luz que se insinúa. Luego se entevera y va diluyendo lo gris del suelo que me sostiene. Las sombras van huyendo de a poco hasta acurrucarse finalmente al pie de todas las cosas; es un arroyo de gris hasta verde, de ruido hasta música. Atropello; celeste final en mi menor. Es perfecto como algunas frases de Sábato.
Cuando las sombras han perdido terreno lo suficiente como para que la alegría me inunde, llega desde el fondo una sombra retobada; soy yo. Soy yo que sentado ahí dispersa su alma en espiral hasta que los colores reverberan en una sintonía irremediable. Desde ese fondo diluído puedo encontrar una cara. La mañana se me nubla. Final.

0 Comentarios:

Publicar un comentario

Suscribirse a Comentarios de la entrada [Atom]

<< Página Principal