en las vanas mutaciones del espacio.
Barajo mis palabras
como equilibrista
que se aferra al inabarcable éxtasis
de un vértigo final.

La marionítica horda humana que transita las discos me transmite una insondable sensación de MIERDA. Cuando estoy en algún boliche y veo ese mar incoherente de cabezas que se mecen al ritmo de algún ritmo que, sin que ellos se den cuenta, va definiendo su MUERTE, simplemente siento el asco TOTAL. Pero la cuestión es que Cecilia me apoyaba el culo en la frente, sí, en la frente. Sin embargo no me podía calentar ni reaccionar porque estaba absolutamente ebrio. Sí, Dionisio me cubrió de su divina gracia mientras ella me refregaba el orto todo por la cara, por los ojos, por la boca. Mi lengua pidió por favor, por favor sabor a argolla. Porque hace como dos meses que no cojo. También más. Cojer es un beneficio que las empresas multinacionales brindan a la gente que usa desodorantes de marca y compra a granel gel de baño y artefactos de ese estilo. ¿Artefacto? sí, arte-facto. Caco-fónico. Estúpidas palabras.
La cosa es que me refregaba su cosa con tanto ímpetu que no pude menos que manotearle el orto con la lengua. Un manotazo húmedo que bañó absolutamente la silueta redonda de su culo temible. Y no le gustó. Ni un poco. Deseos violentos que circulan por el alma y la chota de repente agigantada, vibrante. Sentir cómo la sangre es un bicho rojo que va andando, así, de a poco, y se va metiendo por todos los recovecos venosos del cuerpo para aceleradamente aumentar el volumen de ciertas partes gomosas que laten y te llaman, sonriendo. Las luces chau loco. Re. Se estremeció por completo al sentir el tacto arróyico de mi legua surcando las vetas azuladas del jean que aprisionaba su culo. Apenas hubo ella notado la marca ovoidal de saliva que quedó como un botín de guerra impregnado en su pantalón me pegó una trompada como diciendo "tocame más"; lo hice. La impertinencia para ella es un lujo. Pero me pegó de nuevo, y más fuerte. Yo le saqué la lengua y me fui. A tocarme. Frígida de mierda.