miércoles, agosto 29, 2007

Sin nombre


Una niña vestida de nube juega, entrelaza figuras, teje bufandas de sentido. Yo simplemente la veo pasar, veo su cuerpo transfigurarse en leona, en fertilidad desnuda. Sus ojos juegan un poco con las hojas que navegan el asfalto, ese frío mar sólido, tan triste. Es más fácil lo etéreo, lo cósmico que de sus dientes se desprende y que secretamente desliza la alegría a esta tierra seca.
En su vaivén de canario yo y los demás entrevemos su cauce infinito de gotitas de agua. Se chocan, bailotean el borde de sus tetas y se tiran para innundarnos, acá abajo, en el infierno.
Nos sentimos satisfechos, finalmente la triste sombra de narciso en el agua se deforma, huya en ondas que animalizan esa imagen falsa.
Son las lágrimas esos cristales que rompen su piel de rosa. Las lenguas recorren el conjunto de espinas y se pierden en el denso tallo inmaculado. Al fin la belleza se encausa hacia lo bajo, el tacto ha sido redimido por la crueldad primordial de las bestias.
Y ella está satisfechaa y rota, finalmente rota.

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